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Carta Para Muchos. Gabriela Mistral. España 1933-1935

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A mediados de noviembre de 1932, Gabriela Mistral estaba en Italia. Pocos meses antes, había sido nombrada cónsul honorario en Nápoles como un reconocimiento a su labor en la Sociedad de las Naciones y su profuso trabajo periodístico; era su primer cargo consular. Sin embargo, al momento de ser nombrada, un curioso descuido impidió que ejerciera el cargo: el Gobierno Italiano, con Mussolini a la cabeza, no permitía el ejercicio de mujeres en puestos diplomáticos y negó su exequátur. En una carta a Carlos Préndez Saldías, enviada algunos meses depués de lo sucedido, le cuenta que pese a que no contaría con un sueldo fijo más que las eventuales entradas del Consulado, había aceptado el nombramiento en Italia por destruir su leyenda de descastada “sirviendo al país en un cargo honorario” y por el clima, el único propicio dentro de Europa para su salud y compatible con su absoluta aversión al frío. Continúa señalando que no quería volver a Chile porque le había dado más de 20 años de su vida –“lo cual es bastante”– y porque no sabía “vivir en los infiernos de las tierras divididas donde hay que ser en cada día el centinela de sí mismo”[2].

Algún tiempo después –a principios de 1933–, viaja a Puerto Rico, quizás uno de sus países más queridos, para dictar algunos cursos en la Universidad. Allí conoce a Berta Singerman, actriz y declamadora argentina de origen ruso. Este encuentro y la lucha portorriqueña por mantener el español como su primera lengua, marcan el inicio de uno de los temas más recurrentes en su producción en prosa del periodo: “…el derecho a la lengua heredada, es como el derecho al alma propia, y para aquellos que llaman dudosa el alma, es como el derecho a llevar el propio cuerpo, a estimar, a admirar, a aprender los otros idiomas, pero a usar el suyo y solamente este, al igual de su cuerpo”[3]. Mistral pensaba que la lengua era la única posibilidad de cohesión de los pueblos latinoamericanos y confiaba, asimismo, en su valor como capital social y como medio de acercamiento con España tras la Conquista.

El 23 de marzo de ese año recibe, primero un escueto telegrama y luego una carta, firmada por Miguel Cruchaga Tocornal ofreciéndole el cargo de cónsul de elección en Madrid. Mistral no acepta de inmediato… Estaba bien en Puerto Rico, tenía sus clases, había sido acogida con honores por los ciudadanos y el Estado y el clima, sería como ella misma dice, su cura y su vida larga. Consulta con sus amigos y conocidos, hasta que finalmente, el 1 de abril, acepta: “me voy de aquí como de todas partes”[4].

Llegó a Madrid, el 9 de julio. Los diarios españoles no tardaron en saludar su llegada y con ellos, el constante “visiteo” que tanto detestaba y el ajetreo de una oficina consular precaria que no contaba con fondos propios más que las entradas por trámites propios del consulado y cuya mantención tuvo que, en más de una ocasión, ser solventada por los ahorros de la recién llegada cónsul. “Mucha gente cree que al nombrarla en ese cargo, el Gobierno de Chile le hacía un favor a Gabriela. Por mi parte, yo creo que la explotaban”, comentaba Luis Enrique Délano en Sobre todo Madrid[5], recordando su experiencia junto a Gabriela en el Consulado.

Tan pronto llego? a la capital española, comenzó? la intermitente necesidad de buscar un nuevo destino: Lisboa, Puerto Rico, Italia incluso Egipto y Japón fueron planteados como posibilidades. La difícil situación económica y la escasa preocupación y reconocimiento por parte del Gobierno de Chile hicieron la situación insostenible. La escritura fue –como tantas otras veces– su refugio. Cartas, poemas, artículos para los diarios de las principales ciudades americanas, españolas e incluso publicaciones para dos diarios de Texas, se mezclaron con oficios consulares, minutas, memorias y la escudaron de la activa y ruidosa vida madrileña de la que siempre renegó. Escribió en muchos registros y sobre distintos temas: la Academia, la Guerra del Chaco, el Conflicto de Leticia, la situación de Puerto Rico, el estilo de vida europeo, la Conquista española, escritores sudamericanos y el estado de la sociedad española antes de la Guerra Civil. Tuvo conflictos y debates, algunos de los cuales le costaron amistades de años. Pero también, tuvo grandes y cercanos amigos y estableció importantes vínculos con escritores e intelectuales españoles. No fue una figura central de la intelectualidad española del periodo –ese era el lugar de Neruda– pero sí, dio conferencias, visitó con frecuencia Barcelona y Portugal y continuó afianzando lazos. Insistió sobre su precaria situación económica, sobre la necesidad de un ascenso, sobre la pertinencia de una permuta entre ella y Neruda –quien estaba primero en Barcelona y luego en la embajada en Madrid-, sumó aliados y urdió sutiles pero efectivas estrategias. España era una etapa, un periodo y ella lo sabía.

Aquí se selecciónan ocho documentos (cartas, artículos), fragmentos de ellos, entre los años 33 y 35, que dan cuenta de los intereses políticos, linguísticos, pedagógicos, ecológicos y literarios de Gabriela Mistral. Se adjunta también la copia del telegrama de agosto de 1935 donde se le destina como cónsul en Lisboa.

Daniela Schütte, Karen Benavente. Septiembre, 2015.
Gabriela Mistral. Carta para muchos (España, 1933 – 1935). Introducción y selección por Daniela Schütte y Karen Benavente
Publicado por Revista Lecturas el Sep 28, 2015 en Literatura, Portada

GABRIELA MISTRAL. CARTA PARA MUCHOS. ESPAÑA, 1933-1935[1].
Edición y prólogo: Karen Benavente.
Investigación: Daniela Schütte González.
Ediciones Universidad de la Frontera; Origo Ediciones, 2015.
Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura Convocatoria 2014.