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El Amor De La Presidenta

SKU: 1627145  |  ISBN: 9789563321173
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Según su autor (Arnaldo Silva Salazar, 1958) es realismo vivencial ontogenérico, en donde lo más importante no son los hechos, sino lo que se emocionó acerca de ellos. Por ello es que cuando volvemos a un lugar físico de nuestra infancia, volvemos a emocionar con la misma fuerza a pesar de verlo ahora desde la mirada adulta objetiva y por ende totalmente realista. “¡Pero no era de otro tamaño este lugar!, ¡pero este árbol era más verde o parecía que tenía enormes ramas!”, exclamamos, mientras nuestra piel se eriza y las emociones de antaño nos inundan, reviviendo con toda su fuerza episodios que a la luz de la mirada objetiva adulta sólo quedarían como meros hechos fríos y concretos. Este mismo fenómeno psicológico recoge el autor en su novela, por ello es que narra hechos que son realmente objetivos, es decir existieron, otros que al parecer existieron y dieron paso al mito y otros sencillamente se inventan o fantasean, para polarizar la realidad, para hacerla más romántica o para degradarla. Verbigracia: la protagonista en su juventud es amante de Manuel, un activista de la Revolución con empanadas y vino tinto del gobierno de la Unidad Popular, y que luego de “aquel fatídico martes” lo acompaña en la resistencia guerrillera contra la dictadura. Esta misma protagonista llega a ser después Presidenta de la República. ¿Acaso no es más potente el mito? Se dijo, por lo bajito primero, y luego con mala intención y hasta con insidia y a toda voz, que la Presidenta Bachellet fue amante de un guerrillero (el mito), por lo que entonces, de seguro, habría participado en actos terroristas, pero en realidad fue la pareja del vocero del FPMR y en 1988, es decir ya casi en democracia (la realidad). Por otro lado ser la amante de un guerrillero es muy distinto que ser la pareja de un vocero de un grupo activista, la primera conecta con el lado romántico y admirable que es entregarse por entero a luchar por los ideales.

El autor también fantasea, con el sentido de destacar los hechos con más fuerza, y nos narra el bombardeo al Palacio de La Moneda, pero desde la perspectiva de los pilotos que dejaron caer las bombas sobre la ilusión de muchos que confiaban en la utopía. Uno de ellos era partidario del Gobierno del Pueblo y debió vivir la ignominia de abjurar de sus creencias para salvar aparentemente su vida y la de su familia y aunque quiso oponerse no lo hizo, aunque quiso renunciar no lo hizo, también quiso estrellar su avión contra el Palacio e inmolarse junto a su Compañero Presidente pero no lo hizo, al final sólo consiguió el desprecio de los suyos y el peso de la culpa lo destruyó.

¿Cómo sería el tipo de conversaciones que sostenían los generales integrantes de la Junta Militar que derrocó al Compañero Presidente?, el autor se las arregla para entregarnos un detalle pormenorizado de aquellas conversaciones y se las imaginó y fantaseó, crueles, despiadadas, amorales.

La fantasía, los mitos y la imaginación danzan en la novela entremezclándose con la realidad, confundiéndola y quizá confundiendo aún más lo confuso, pero queda a cada uno y cada una reconstruir esa realidad (lo ontogenérico) y reconocer aquello que sucedió y que no, pero por sobretodo aquello que se emocionó, y cómo se emocionó.

Pero la mayor fantasía está en los hechos futuros que vivirá la protagonista a partir de un hecho simbólico (también imaginado) que le ocurriera en un encuentro en su juventud con el Compañero Presidente y que guarda relación con ser ambos de profesión Médico; la protagonista entonces recupera la importancia de ese simbolismo y comprende la fuerza del verdadero amor que la ha movido desde que el sueño de la Revolución la embargó y que junto a Manuel vivió, hasta hoy, en que es la primera Presidenta mujer de un largo y angosto país de Sudamérica. Es ese el amor de la Presidenta, el que la lleva finalmente a tomar una importante decisión.

El amor de la Presidenta (Alfarero, 192 Páginas) ¿Ficción política, Mito o Realidad?